El Doctor Crédito

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Me encontraba en mi peor momento en los negocios. Todos mis activos se habían esfumado,  dejando en su lugar una pila de deudas que no tenía la más mínima idea de cómo iba a saldar. Mis negocios aliados me dieron la espalda y la mayoría de mis empleados renunciaron casi inmediatamente en lo que pudieron presentir que se avecinaba una bancarrota. Lo que yo no sabía entonces era que la cura a mis problemas financieros estaba a la vuelta de la esquina. Esta es la historia de cómo el fracaso se convirtió en un éxito sin precedentes gracias al Doctor Crédito.

Recuerdo claramente que era un día caluroso, característico de la ciudad del sol. Había decidido dejar el teléfono en la oficina y tomar algo de aire. Caminé unos cuantos metros desde el edificio de mi compañía. El viento soplaba ligeramente en contra mientras andaba, sin ningún rumbo en particular. Al acercarme a la intersección no pude evitar escuchar a lo lejos una conversación entre dos hombres.

– Te lo digo, ¡ese hombre hace milagros! – Dijo uno de ellos, bastante animado.

–Todavía no lo creo. ¿Fue tan fácil así? –respondió el otro, sorprendido– ¿Y tus deudas? Recuerdo que estabas hasta el cuello.

En el instante que escuche las palabras “milagros” y “deudas”, mis pies ya estaban dirigiéndose hacia donde ambos se encontraban. Por su indumentaria supe que ambos eran hombres de negocios. Vestían de forma casual, con unos llamativos blazers color azul oscuro y plateado respectivamente.

– ¡Desaparecieron! No quedó ni una sola. Pude cubrirlas todas gracias a él. Te lo juro, no sé qué habría sido de mi empresa de no ser por el Doctor Crédito– dijo aún emocionado el hombre del blazer azul.

Interrumpir extraños en medio de una conversación ciertamente no era algo que acostumbraba hacer, mucho menos en circunstancias como en las que me encontraba en ese entonces. Sin embargo, tenía que saber quién era ese personaje.

– Disculpen que me entrometa, pero no pude evitar escuchar parte de su conversación. ¡Mucho gusto! –dije, mientras me presentaba formalmente ante los dos caballeros que, sin mostrar señales de incomodidad, estrecharon mi mano– ¿Quién es ese Doctor Crédito del que hablan?

– El Doctor Crédito salvó mi empresa. Apenas lo contacté no tardó en aparecer. Lo demás… bueno, creo que debería verlo usted mismo –dijo el hombre, sacando de su bolsillo una tarjeta con información del Doctor del Crédito.

Después de agradecerle e intercambiar unas palabras con ambos, decidí regresar a mi oficina y contactar al famoso doctor. Después de todo, no tenía nada que perder a esas alturas.

El doctor llegó al día siguiente a la compañía. La mayoría de mis empleados rieron por lo bajo al ver al hombre con la vestimenta clásica de un doctor, mientras que otros parecían más bien preocupados. Luego de llevarlo hasta mi oficina, nos sentamos y dudoso le conté sobre cada deuda  que tenía en mi haber, incluyendo además que no tenía dinero para pagar cada una. Luego de escuchar mi resumen sacó de su maleta tres productos que parecían más bien medicamentos, cada uno con la palabra “Creditín” como título. Se sentó y me preguntó lo siguiente en un tono muy serio:

– ¿Quieres curar esta empresa de la enfermedad que padece?

– ¿Curar? Mi compañía no es un ser vivo. No necesita tratamiento, necesita dinero.

– Ahí está el primer error de su parte, señor. Está asumiendo que esta compañía no es un ser vivo. Le puedo asegurar que esta compañía, si bien no representa algo vivo en el sentido literal de la palabra, está tan viva como usted y como yo. Ahora bien, su empresa se encuentra enferma actualmente, pero podemos curarla. Así que preguntaré nuevamente, ¿quieres curar esta empresa de la enfermedad que padece?

Todavía confundido por la perspectiva del “doctor”, sólo pude decir un sí un tanto dubitativo. En ese momento todavía no sabía que tenía la solución para mi compañía frente a mí. Los días que siguieron después de su primera visita fueron determinantes para el rumbo de mi compañía. Y debo decir que incluso yo cambié en el proceso.

No sabrás los resultados hasta que lo intentes. Con Creditín tendrás la cura a los males que tus finanzas puedan tener.

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